sobre los amplios pesares de la damicela;
el grito y un greco-arte
se hundió y fulminó en su alma mater.
Cegó por derredor su aura
¡oh, qué engaño! -susurraba
Vigente mantenía su energía
más latente incluso,cada día...

Amanecía,
y cada estación transcurría
mienras ella serena soplaba
todo el mar de viejas lágrimas
inclinadas al retrato horizonte
condecorado entre ventanas bicolores.
Y el aplastante sueño llegaba
¡Oh, qué pesadez!
Justo cuando el tiempo más premiaba
un encuentro de dos almas
ella y natura, quien la cuidaba.
El manto fulminante de su cielo
la empapaba de sabios recuerdos,
y no cesaban de fluír en sus cimientos.
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