Atestiguando al cielo como mensajero.
las torres fuertes
de una década de cimientos.
a mesura de todos los sensibles encuentros.
¡Cómo reviven esos silencios,
qué placer tan al delicado descubierto!
Subliminosa mística,
de tus aposentos ida y venida.
Tus tantas lejanas travesías,
a clausurar y dar bienvenidas,
a temperar y abrasar.
¡Ah!
¡Cuánto sueñan tus delicias
ser parte de nuestra vida!
Permitan mis sagaces cristalinas
enviar mi alma que entre sus cortinas
ha de revolver cual viento
ese alma reprimida desde troncados tiempos
¡Y cuánto, vidas suyas
nuestro descapullo se alimenta,
al sobrevolar toda altura!
..Si tus fugaces sueños,
mi manante diurna,
fueran pasatiempos
que de mí mil señales entredibujan.
Tus constantes melodías
son las que la inmensidad no identifica.
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